El Cuento (2a Parte)

La Piedra Sagrada

Yiga se había despertado cuando aún había oscuridad. Había dormido poco, tenía insomnio. Estaba mareada y le temblaban las piernas. Sentía frío y estaba sudando. Su habitación tenía un aroma extraño. Revolvió las sábanas y encontró veneno aromático. Se levantó e intentó cambiarse, pero se caía. Salió de la habitación, y dándose golpes contra las paredes para no caerse llegó a la puerta de Edlen. Llamó lentamente y se derrumbó en el suelo. Edlen dormía y tardó en abrir. La recogió del suelo y la metió en su cama. Después se puso a dar vueltas por la habitación. Sabía que había traído medicinas pero no sabía dónde las había puesto.

-Ya sé, en la bolsa, junto a la ropa -la revolvió y las encontró.

Encendió incienso el cual calmó a Yiga. Ella no podía morir por heridas físicas, aunque no era inmortal, y como nada le causaba daños corporales le trastornaban la mente. Empezaba a tener fiebre y a delirar. Edlen mezcló unas sustancias y las trituró. Se lo dio de beber a Yiga. Ella cerró los ojos y empezó a dormir. Estaba más calmada. Edlen aprovechó para registrar la habitación de Yiga. Descubrió el veneno en la cama. Recogió las cosas de ella y las llevó a su habitación.

El incienso se había consumido. Yiga se había despertado y se había incorporado. Se agarraba la cabeza con una mano y con la otra el vientre.

-Te echaron veneno en la cama -dijo Edlen.

-Alguien nos quiere atacar.

-Seguro que Tíjgud. Tendrá espías por todo el país obligados a matarnos.

-Tendremos que tener cuidado.

-Por cierto, supongo que necesitaremos armas. Yo cogeré una espada y un arco. ¿Tú qué quieres?

-Un arco y algunas pieles de armadura y para resistir el frío. Ya tengo una daga, no creo que necesite nada más.

-Atranca la ventana y ni se te ocurra abrir la puerta.

-Vete rápido, cuanto antes compres lo necesitado antes podremos huir del peligro.

-Me abruma tu sensatez.

Yiga tiró un cojín hacia Edlen, que no le golpeó la cabeza por varios milímetros.

-Necesitas más puntería. -Esta vez sobrevoló la habitación una yesca para encender antorchas que fue directa a la frente de Edlen. Más adelante tendría un chichón.

-¿Qué decías?

-Me encanta bromear contigo.

Yiga amenazó con una sandalia. Edlen corrió a coger el dinero y marcharse. La elfa se tumbó cómodamente en la lecho y durmió un rato. Cuando se despertó miró el techo. En todo el rato no se había fijado en que había escrito algo. Se puso de pie en la cama y lo miró más fijamente. Era un símbolo, una especie de runa, pero, ¿de qué? Una maldición, protección, ella no entendía mucho de magia, esperaría a que Edlen llegara, pero ella no quería seguir estando allí. Llamaron a la puerta, su miedo la condujo hasta un rincón. La puerta se abría y...

La Dama de la Rosa.


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